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Café DAMPO | cuando la prevención sísmica se vuelve conversación colectiva

Actualizado: 5 feb

Cuando la prevención se vuelve colectiva, la conversación importa.
Cuando la prevención se vuelve colectiva, la conversación importa.

Este 16 de diciembre, el Café DAMPO se convirtió en un espacio vivo de discusión, contraste y reflexión profunda sobre cómo estamos enfrentando (o dejando de enfrentar) el riesgo sísmico en nuestra ciudad.

Desde el inicio, el objetivo fue claro: abrir un lugar cercano, sin formalismos excesivos, donde hablar de sismos, edificios, tecnología y comunidad fuera posible desde la experiencia cotidiana. Un café como pretexto para hablar de algo que nos atraviesa a todos, aunque no siempre queramos mirarlo de frente.


Abrir la memoria: 1985 como punto de partida


La conversación inició con una breve intervención de Ramón Abud (arquitecto y profesor universitario), quien ayudó a situar el diálogo en una dimensión histórica. Recordó los principales daños del sismo de 1985, no solo desde lo estructural, sino desde lo urbano y lo social: edificios que colapsaron, normas inexistentes o incumplidas y una ciudad que aprendió (a un costo altísimo) que el riesgo sísmico no es un evento aislado, sino una condición permanente.

La memoria apareció como un eje central de la gestión del riesgo. La prevención no surge del miedo, sino del aprendizaje colectivo y del reconocimiento de que el derecho a una vivienda segura y a la protección de la vida es un asunto de derechos humanos, no de buena voluntad.


Cuando la confrontación enriquece la conversación


Uno de los momentos más valiosos del Café DAMPO surgió a partir de una intervención crítica y confrontativa. Lejos de romper el espacio, lo tensionó y lo volvió profundamente enriquecedor.


El participante cuestionó con fuerza algo central:

¿Por qué impulsar la prevención sísmica desde el sector privado?¿No debería ser una responsabilidad exclusiva del gobierno y de los sistemas de protección civil?¿Por qué no llevar estos proyectos directamente al sector público?


Estas preguntas no cerraron el diálogo, lo abrieron. Obligan a pensar colectivamente dónde están hoy las empresas, las constructoras y los despachos técnicos, cuál es su papel en la gestión del riesgo y cómo (o si) se articulan con las instituciones gubernamentales, con la protección civil y con los compromisos internacionales que el país ha asumido (como los marcos impulsados por la ONU en materia de reducción del riesgo de desastres).


Aquí quedó claro que la gestión del riesgo no es solo técnica. Es política, social y profundamente incómoda.


¿De quién es realmente la responsabilidad de prevenir: del gobierno, de las empresas, de las constructoras o de la ciudadanía? Cuando una empresa impulsa prevención, ¿está supliendo al Estado o evidenciando un vacío estructural?¿Qué incomoda más: que el gobierno no llegue o que otros actores sí lo hagan?


Intercambio de perspectivas técnicas y sociales sobre prevención sísmica.
Intercambio de perspectivas técnicas y sociales sobre prevención sísmica.

Dos posturas, una misma preocupación

A lo largo de la charla se hicieron visibles dos posturas que conviven (y a veces se contraponen) en la ciudad.


Por un lado, quienes esperan la acción gubernamental. Personas que consideran que la prevención sísmica debe ser liderada, financiada y ejecutada principalmente por el Estado, desde su responsabilidad histórica, legal y técnica en materia de protección civil y derechos humanos.


Por otro, quienes buscan tomar acción desde ahora. Personas que, sin negar el papel del gobierno, reconocen que la expansión de la mancha urbana, el uso intensivo del suelo de la ciudad y el crecimiento acelerado de la vivienda han incrementado las vulnerabilidades, y que la prevención no puede esperar a que todo esté perfectamente alineado a nivel institucional.


Ambas posturas parten de la misma preocupación: la seguridad de las personas y la vulnerabilidad de los edificios. La diferencia está en el cómo y en el desde dónde.

Aquí emergen tensiones centrales de la gestión del riesgo:


¿Esperar acción gubernamental incrementa la vulnerabilidad?¿La acción comunitaria y técnica exime a las autoridades de su responsabilidad?¿Dónde empieza la corresponsabilidad y dónde comienza la culpa?


Tecnología sismorresistente, cultura y conocimiento

En medio del debate, se habló también de las tecnologías sismorresistentes que desarrolla DAMPO: instrumentación sísmica, sistemas de disipación de energía, aislamiento sísmico y evaluación del desempeño estructural.


Más allá de la tecnología, el énfasis estuvo en algo clave: el conocimiento como forma de poder. Entender cómo se comportan los edificios, cómo influye el tipo de suelo de la ciudad, qué se puede medir y qué decisiones pueden tomarse transforma la relación de las personas con los espacios que habitan.


La prevención deja de ser abstracta y se vuelve tangible, pero también revela una realidad incómoda: el desconocimiento y la falta de cultura de prevención son, en sí mismos, formas de vulnerabilidad.


Aquí surgieron nuevas preguntas:¿Quién tiene acceso al conocimiento técnico?¿La falta de información también vulnera derechos?¿Puede la tecnología reducir el riesgo si no se acompaña de cultura, organización y ciudadanía activa?


Del monólogo a la conversación

Después de la introducción, el Café DAMPO se transformó en una conversación abierta. Circularon miedos posteriores a los sismos recientes, desconfianza en las autoridades, dudas sobre costos, alcances y límites de la prevención.

No hubo respuestas cerradas. Hubo diálogo.

En la conversación aparecieron, explícita o implícitamente, distintos actores: el gobierno (local y federal) como responsable normativo, presupuestal y de protección civil; las empresas y constructoras como actores clave en la forma en que se edifica la ciudad; la academia como puente entre investigación y divulgación; y la ciudadanía y las comunidades como quienes habitan el riesgo todos los días y que, desde la normalización del peligro o el desconocimiento, también pueden incrementar la vulnerabilidad.


La pregunta quedó suspendida en el aire: ¿quién carga con las consecuencias cuando estos actores no se articulan?


Acercando tecnologías sismorresistentes al debate comunitario.
Acercando tecnologías sismorresistentes al debate comunitario.

Un café como punto de partida

Este Café DAMPO confirmó algo esencial: la prevención sísmica no es neutra. Está atravesada por decisiones políticas, omisiones históricas, relaciones de poder y modelos de ciudad.


Hablar de gestión del riesgo implica hablar de presupuesto, prioridades, tiempos institucionales y responsabilidades compartidas (pero no diluidas). Implica hablar también de herramientas como el presupuesto participativo y preguntarse qué podemos empezar a hacer hoy, antes del próximo sismo y no después.


Tal vez el debate no sea si la prevención debe venir del gobierno o de las empresas, sino:

¿Quién define qué riesgos se atienden primero?¿Quién asume el costo de prevenir antes del desastre?¿Quién paga (y quién pierde) cuando la prevención no ocurre?


Frases que quedaron resonando

“La prevención no debería depender de la buena voluntad, sino de la corresponsabilidad.” “El riesgo no desaparece porque no se hable de él.” “No actuar también es una decisión.” “La tecnología sin comunidad reduce daños, pero no transforma vulnerabilidades.”


Para seguir la conversación

Esta nota no busca cerrar el debate. Busca sostenerlo.

Porque hablar de sismos no es solo hablar de estructuras, sino de derechos humanos, desigualdad, cultura de prevención, acceso a la información y capacidad de organización.

La pregunta final queda abierta:¿desde dónde estás dispuesto a asumir tu parte del riesgo: esperando, exigiendo o actuando?


La conversación sigue abierta.

 

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