Café DAMPO | educar para cuidar: infancias, riesgo sísmico y la construcción cotidiana de la prevención
- Dampo Systems
- 25 abr
- 5 Min. de lectura
En esta quinta edición de Café DAMPO decidimos detenernos en un punto que, aunque suele mencionarse, pocas veces se explora con la profundidad que merece:la gestión del riesgo sísmico en infancias no es un tema complementario, es una base estructural para construir una cultura de prevención a largo plazo.
Hablar de infancias en contextos de riesgo implica reconocer algo fundamental: infancias y adolescentes no solo aprenden información, construyen sentido. Construyen su relación con el entorno, con el peligro, con la seguridad y con los otros. Por eso, la prevención no puede reducirse a protocolos o simulacros; tiene que ver con experiencias, emociones, vínculos y prácticas cotidianas.
Desde la ingeniería, la psicología y la ciudadanía, este Café DAMPO se convirtió en un espacio donde las preguntas tomaron protagonismo. Preguntas que no surgen desde la teoría aislada, sino desde la práctica, desde lo vivido, desde la necesidad de hacer que la prevención realmente funcione en la vida de las personas.

A partir del enfoque del Dr. Marco Antonio Pizarro Carro, quien ha trabajado en la intersección entre salud mental, educación y gestión del riesgo, articulamos una serie de reflexiones que hoy queremos hacerle llegar, particularmente en torno a las infancias y los procesos colectivos.
La casa: primer refugio, primer aprendizaje
Uno de los hallazgos más significativos de la sesión surgió de ejercicios realizados con enfoque en percepción de seguridad: para la mayoría de las infancias, la casa sigue siendo su principal referente de protección.
No solo como estructura física, sino como espacio emocional. La casa es donde se sienten a salvo, donde están las figuras de cuidado, donde existe una idea de resguardo.
Este hallazgo, que podría parecer obvio, abre una línea de reflexión profunda:si la casa es el primer lugar seguro, entonces también es el primer lugar donde se construye (o se debilita) la cultura de prevención.

A partir de esto, surgieron preguntas clave:
¿Cómo fortalecer el rol de las familias en la educación preventiva?
¿Qué herramientas necesitan madres, padres y cuidadores para acompañar estos procesos sin generar miedo o desinformación?
¿Cómo establecer roles de actuación claros dentro del hogar, de modo que los niños no solo sepan qué hacer, sino que comprendan cómo actuar en conjunto?
Pensar en roles dentro de casa implica pasar de la improvisación a la organización:quién cuida a quién, quién abre rutas de evacuación, quién contiene emocionalmente, quién toma decisiones.
Aquí, la prevención se vuelve cotidiana, relacional y profundamente humana.
Infancias en plural: segmentar para acompañar
Otra de las reflexiones más ricas fue reconocer que hablar de “infancias” en general puede invisibilizar diferencias fundamentales. Cada etapa del desarrollo implica formas distintas de aprender, de sentir y de actuar.
En la primera infancia (0–5 años), el aprendizaje ocurre a través del juego, la repetición y el vínculo afectivo. No se trata de explicar qué es un sismo, sino de construir hábitos: identificar espacios seguros, reconocer señales, practicar acciones simples acompañadas por adultos.
En la niñez (6–11 años), comienza a desarrollarse una comprensión más estructurada del entorno. Aquí, los niños hacen preguntas, buscan entender el porqué.El reto es traducir conceptos técnicos en experiencias significativas: juegos, historias, ejercicios en su propio entorno.
En la adolescencia (12–17 años), aparece la capacidad crítica y la posibilidad de participación activa. Aquí la prevención puede dar un salto: de aprender a actuar, de recibir a proponer, de seguir instrucciones a construir soluciones.

Esto nos llevó a una pregunta central: ¿cómo construir una trayectoria educativa en prevención que acompañe el crecimiento de las infancias y no se quede en intervenciones aisladas? ¿Desde las iniciativas de la SGIRPC se consideran estas etapas de la infancia para aplicar las actividades que realizan?
La escuela: entre el potencial y la resistencia estructural
La escuela es, sin duda, uno de los espacios más importantes para trabajar con infancias. Sin embargo, también es uno de los más complejos.
Durante la conversación, surgieron múltiples inquietudes sobre la dificultad de incidir en el sistema educativo formal, particularmente a través de la SEP:
planes de estudio saturados
falta de capacitación docente en gestión del riesgo
enfoques centrados en la reacción más que en la prevención
Esto abre una pregunta clave: ¿cómo lograr que la prevención sísmica no sea un tema adicional, sino una práctica transversal dentro de la escuela?
Más allá de los simulacros, el reto es construir experiencias de aprendizaje que conecten con la realidad de niñas y niños.Que lo que sucede en el aula tenga sentido en casa, en la calle, en su vida diaria.
Estrategias: del juego a la apropiación
A lo largo de la sesión se compartieron diversas herramientas para trabajar la prevención con infancias:
dinámicas lúdicas
narrativas y personajes cercanos
simulaciones contextualizadas
ejercicios en el entorno inmediato
Sin embargo, más allá de las herramientas, surgió una inquietud más profunda: ¿qué hace que una estrategia sea realmente significativa? ¿En qué momento las infancias dejan de repetir un protocolo y comienzan a comprenderlo, a hacerlo suyo?

Aquí aparece la diferencia entre información y apropiación.Y también la necesidad de evaluar no solo lo que se enseña, sino lo que se transforma.
Emociones: el centro invisible de la prevención
Hablar de riesgo sísmico con infancias implica necesariamente hablar de emociones.
Miedo, incertidumbre, curiosidad, ansiedad… todas forman parte de la experiencia. Ignorarlas no elimina su impacto; al contrario, puede intensificarlo.
Por eso, surgió la importancia de trabajar desde enfoques que integren la dimensión emocional, como los promovidos por la Organización Mundial de la Salud.
Las preguntas aquí son especialmente delicadas:
¿Cómo hablar del riesgo sin generar miedo?
¿Cómo resignificar el fenómeno natural para que sea comprendido, no temido?
¿Cómo construir sensación de control y capacidad de acción en niñas y niños?
La prevención, en este sentido, es también un proceso de cuidado emocional.
Interdisciplinariedad: una condición necesaria
Trabajar con infancias en gestión del riesgo sísmico no puede hacerse desde una sola perspectiva.
Se necesita:
la ingeniería, para entender el riesgo
la psicología, para acompañar emociones
la pedagogía, para traducir contenidos
la comunidad, para sostener procesos
Pero esto nos llevó a cuestionar: ¿cómo lograr que esta interdisciplinariedad sea real y no solo discursiva? ¿Cómo construir espacios donde estos saberes dialoguen de manera horizontal?
Lo colectivo: sostener en el tiempo
Uno de los aprendizajes más importantes de la sesión fue que la prevención no se
sostiene sin comunidad.
Las infancias aprenden en relación. Lo que ocurre en casa, en la escuela y en el entorno comunitario está profundamente conectado.
Por eso, surgieron preguntas sobre la participación:
¿Quiénes se involucran más en estos procesos?
¿Qué rol juegan las mujeres, especialmente en contextos de cuidado?
¿Cómo lograr que más personas se mantengan activas en el tiempo?
La prevención no es un evento; es un proceso colectivo que requiere continuidad.
Realidades desiguales: el reto de educar desde el riesgo
Finalmente, la conversación nos llevó a una realidad que no puede ignorarse:no todas las infancias habitan espacios seguros.
Viviendas vulnerables, escuelas con daños, contextos urbanos complejos.Esto plantea una pregunta difícil pero necesaria: ¿cómo enseñar prevención cuando el entorno mismo representa un riesgo?
Aquí, la educación no puede desligarse de la realidad material.Implica reconocerla, nombrarla y, en la medida de lo posible, transformarla.
Un mensaje que busca diálogo
Este Café DAMPO no buscó cerrar conclusiones, sino abrir conversaciones.
Hoy queremos hacerle llegar al Dr. Marco Antonio Pizarro Carro estas dudas, reflexiones y hallazgos como una invitación a seguir construyendo en conjunto: ¿cómo acompañar a las infancias en la construcción de una cultura de prevención que sea significativa, emocionalmente segura y colectivamente sostenida?

Porque si algo quedó claro en este espacio es que la prevención sísmica no comienza con un protocolo, comienza en casa, se fortalece en la escuela y se sostiene en comunidad… pero, sobre todo, se construye desde la infancia, todos los días.




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