Sobrevivir al sismo no es suficiente: el reto de la resiliencia urbana
El riesgo no empieza cuando la tierra tiembla
¿Alguna vez te has preguntado qué pasa después de un sismo cuando los edificios se quedan en pie, pero nadie puede volver a habitar su casa en meses o incluso años?
Esta pregunta fue el punto de partida de nuestra más reciente edición de Tardes de Café con DAMPO y El Poli, un espacio que busca acercar el conocimiento especializado a estudiantes, profesionales y ciudadanía, generando conversaciones abiertas sobre los retos que enfrentan nuestras ciudades.
En esta ocasión nos acompañó el Dr. Omar Darío Cardona Arboleda, uno de los referentes internacionales en gestión del riesgo y resiliencia, con quien conversamos sobre un reto que va mucho más allá de evitar el colapso de una estructura:
¿Cómo hacemos para que nuestras ciudades puedan seguir funcionando y recuperarse después de un desastre?

La conversación nos llevó a repensar la resiliencia no como un concepto abstracto, sino como una capacidad que se construye antes, durante y después de un evento.
Entender el riesgo para poder administrarlo
Uno de los puntos fundamentales de la conversación fue entender que riesgo y desastre no son lo mismo.
El desastre es la materialización de pérdidas. El riesgo, en cambio, existe antes: se construye a partir de la interacción entre una amenaza, aquello que está expuesto y las condiciones de vulnerabilidad que pueden aumentar sus consecuencias.
Por eso, gestionar el riesgo implica reconocer esas condiciones antes de que ocurra un evento y tomar decisiones para reducir sus posibles impactos.
La resiliencia, desde esta perspectiva, no consiste únicamente en resistir un sismo. Implica desarrollar capacidades para:
Absorber el impacto: contar con edificaciones e infraestructura capaces de resistir y reducir los daños iniciales.
Responder a la crisis: actuar con rapidez, coordinación y flexibilidad para mantener las funciones esenciales.
Recuperarse y transformarse: rehabilitar y reconstruir reduciendo las condiciones de vulnerabilidad que existían antes del evento.
La pregunta entonces cambia.
Ya no se trata solamente de “¿se va a caer?”, sino también de “¿qué va a pasar después?”.
Del “evitar el colapso” a la recuperación funcional
Tradicionalmente, buena parte de la normativa sismorresistente se ha concentrado en un objetivo fundamental: proteger la vida evitando el colapso de las edificaciones.
Y este objetivo sigue siendo indispensable.
Sin embargo, la experiencia de distintos desastres nos ha mostrado que una edificación puede permanecer en pie y, aun así, dejar de cumplir la función para la que fue construida.
Un hospital puede no colapsar, pero quedar fuera de servicio.
Una escuela puede permanecer estructuralmente estable, pero no ser habitable.
Una vivienda puede conservar su estructura, pero dejar de ser segura o funcional para sus habitantes.
En estos casos, el impacto del sismo continúa mucho después de que termina el movimiento del suelo.
Por eso, cada vez cobra mayor relevancia hablar de desempeño, continuidad operativa y recuperación funcional.
Enfoque tradicional | Enfoque orientado a la resiliencia |
Evitar el colapso | Reducir daños y favorecer la recuperación |
Proteger la vida | Proteger la vida y mantener funciones esenciales |
Evaluar principalmente el daño físico | Considerar daño, funcionalidad y tiempo de recuperación |
Actuar principalmente después del desastre | Gestionar el riesgo antes, durante y después |
Reconstruir después del evento | Reconstruir reduciendo las condiciones de vulnerabilidad |
No se trata de sustituir la seguridad estructural. Se trata de ampliar lo que entendemos por seguridad.
La dimensión humana y el compromiso con nuestras ciudades
Durante la ronda de preguntas, la conversación también se trasladó hacia una realidad que conocemos bien en América Latina: gran parte de nuestras ciudades está conformada por edificaciones existentes, muchas de ellas construidas bajo normas anteriores, modificadas con el tiempo o desarrolladas sin acompañamiento técnico suficiente.

Esto plantea un desafío enorme.
¿Cómo acercamos el conocimiento técnico a quienes toman decisiones todos los días sobre sus viviendas?
¿Qué pasa cuando una familia quiere ampliar su casa y no sabe cómo puede afectar a la estructura?
¿A quién puede acudir una comunidad cuando identifica una vulnerabilidad?
La resiliencia también se construye a partir de estas preguntas.
La seguridad sísmica no debería percibirse como un lujo reservado para proyectos nuevos o grandes desarrollos. Es una responsabilidad técnica, social y colectiva.
Garantizar mejores condiciones para nuestras viviendas, edificios e infraestructuras significa proteger no solamente vidas, sino también patrimonio, medios de vida, servicios y la continuidad de las comunidades.
La resiliencia no es tarea de una sola disciplina
Otro aprendizaje importante de la conversación es que el riesgo no puede abordarse desde una sola mirada.
La ingeniería estructural, la geotecnia, la arquitectura, la planeación urbana, las ciencias sociales, la gestión pública y, por supuesto, el conocimiento de quienes habitan los territorios tienen algo que aportar.
Cuando estas disciplinas trabajan de manera aislada, es fácil perder de vista una parte del problema.
Cuando dialogan, podemos construir respuestas más completas.
Para DAMPO Innovación Social, este punto es especialmente importante: acercar el conocimiento técnico a la sociedad no significa quitarle rigor, sino encontrar formas para que pueda comprenderse, discutirse y convertirse en decisiones.
De la teoría a la acción
Hablar de resiliencia urbana puede parecer una tarea enorme. Pero también puede comenzar con acciones concretas:
Conocer las condiciones de nuestra vivienda.
Evitar modificaciones que puedan comprometer su comportamiento estructural.
Saber a quién acudir ante una duda técnica.
Identificar los servicios esenciales de los que depende nuestra comunidad.
Construir acuerdos y redes de apoyo antes de que ocurra una emergencia.
Incorporar la recuperación y la continuidad funcional en la planeación.
En otras palabras, pasar de preguntarnos únicamente “¿qué ocurrirá cuando tiemble?” a preguntarnos también: ¿Qué necesitamos para seguir funcionando después?
Tardes de Café con DAMPO y El Poli
Esta conversación forma parte de Tardes de Café con DAMPO y El Poli, una serie que nació para abrir un espacio de encuentro entre especialistas, estudiantes, profesionales y ciudadanía alrededor de temas que atraviesan nuestras ciudades.

A través de estas sesiones buscamos que el conocimiento pueda circular, que las preguntas puedan hacerse en un ambiente cercano y que las distintas experiencias de América Latina puedan encontrarse.
Porque hablar de riesgo sísmico también es hablar de nuestras viviendas, nuestras escuelas, nuestros hospitales, nuestros barrios y de la manera en que queremos construir el futuro de nuestras ciudades.
Gracias por acompañarnos
Nuestro agradecimiento especial al Dr. Omar Darío Cardona por compartir con nosotros su experiencia, conocimiento y perspectiva sobre la gestión del riesgo y la resiliencia urbana.
Gracias también al Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid por hacer posible esta colaboración y por seguir sumándose a la construcción de estos espacios de diálogo y aprendizaje.
Y gracias a todas las personas que se conectaron a esta Tarde de Café, que participaron, hicieron preguntas y enriquecieron la conversación desde sus propias experiencias y territorios.
Cada encuentro nos recuerda que la gestión del riesgo no es una conversación que pertenece únicamente a especialistas. Es una conversación que nos involucra a todos.
Nos vemos en la próxima Tarde de Café con DAMPO y El Poli.




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