Laboratorio de prevención sísmica accesible: "Construir mi entorno"
- Dampo Systems
- 8 jul
- 12 min de lectura

¿Cómo se explica la ingeniería sísmica a una persona que nunca ha escuchado hablar de periodos de vibración, amplificación del suelo o sistemas estructurales? ¿Cómo acercar conceptos técnicos sobre gestión del riesgo sísmico sin perder el rigor científico y, al mismo tiempo, garantizar que cualquier persona pueda comprenderlos y apropiarse de ellos?
Responder estas preguntas implica reconocer que la prevención no comienza cuando ocurre un sismo, sino mucho antes: cuando las personas comprenden el territorio que habitan, identifican los riesgos presentes en su entorno y participan activamente en la construcción de comunidades más preparadas.
Con esta visión, DAMPO Innovación Social y el Centro Integral Vida Plena Olinka dieron inicio al “Laboratorio de prevención sísmica accesible”, un ciclo de tres talleres que busca acercar conocimientos sobre ingeniería sísmica, ingeniería estructural, arquitectura y gestión del riesgo sísmico mediante metodologías accesibles, participativas y centradas en las personas.

Más que un programa de capacitación, el laboratorio representa una apuesta por democratizar el conocimiento técnico. Durante décadas, gran parte de la información relacionada con los sismos ha permanecido en ámbitos especializados, utilizando un lenguaje que pocas personas logran comprender. Sin embargo, la reducción del riesgo de desastres depende de que este conocimiento pueda traducirse en decisiones cotidianas: reconocer los riesgos dentro de una vivienda, comprender el funcionamiento de la alerta sísmica, fortalecer las redes comunitarias o identificar espacios de menor riesgo durante una emergencia.
Cuando las personas comprenden por qué ocurren los sismos y cómo interactúan las edificaciones con el movimiento del suelo, dejan de memorizar recomendaciones aisladas y comienzan a construir una verdadera cultura de prevención.
La inclusión como un principio, no como una adaptación
Hablar de accesibilidad no significa únicamente eliminar barreras físicas o adaptar materiales. Significa reconocer que existen múltiples formas de aprender, comprender, comunicar y participar.

Durante muchos años, las personas con discapacidad fueron consideradas únicamente desde una perspectiva asistencialista o como población vulnerable durante los desastres. Hoy, este paradigma ha cambiado gracias al enfoque de derechos humanos y al modelo social de la discapacidad, que entiende que gran parte de la vulnerabilidad surge de las barreras que impone la sociedad y no de las características individuales de las personas.
Uno de los principios que mejor resume esta transformación es "Nada sobre nosotros sin nosotros" (Nihil de nobis, sine nobis), adoptado por el movimiento internacional de personas con discapacidad y reconocido por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas.
Este principio sostiene que ninguna decisión, política pública, programa o acción que afecte a un grupo de personas debe desarrollarse sin su participación activa y significativa. Su propósito es reconocer a las personas como sujetas de derechos y no como receptoras pasivas de asistencia.
En el contexto de la gestión del riesgo sísmico, este principio adquiere una relevancia particular. Construir comunidades resilientes no consiste únicamente en desarrollar mejores tecnologías o edificaciones más seguras; también implica garantizar que todas las personas participen en la comprensión del riesgo, aporten sus conocimientos sobre el territorio que habitan y formen parte de las decisiones relacionadas con su propia seguridad.

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, impulsado por la United Nations Office for Disaster Risk Reduction, reconoce precisamente que la inclusión y la participación de las personas con discapacidad son elementos indispensables para fortalecer la resiliencia comunitaria. De manera complementaria, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece el derecho de acceso a la información, la educación, la participación y la protección en situaciones de riesgo y emergencias humanitarias.
Asimismo, la American Association on Intellectual and Developmental Disabilities señala que la discapacidad intelectual no limita la capacidad de aprendizaje cuando existen apoyos adecuados, metodologías accesibles y oportunidades reales de participación. Esta perspectiva desplaza la atención desde las limitaciones individuales hacia la eliminación de barreras y la generación de entornos que favorezcan el aprendizaje.
Estos principios también dialogan con la UNESCO, que promueve una educación inclusiva basada en el reconocimiento de la diversidad y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU: 4 (Educación de calidad), 10 (Reducción de las desigualdades) y 11 (Ciudades y comunidades sostenibles).
Desde el ámbito nacional, esta visión encuentra respaldo en la Gobierno de México, que reconoce el derecho de todas las personas a acceder a la información, la educación, la participación y la vida comunitaria en condiciones de igualdad.
Todos estos instrumentos coinciden en un mismo mensaje: la prevención solo puede ser verdaderamente efectiva cuando el conocimiento es accesible y cuando las personas participan activamente en su construcción.

Construir mi entorno: aprender desde la memoria
Bajo esta perspectiva se desarrolló la primera sesión del laboratorio, denominada “Construir mi entorno”.
En lugar de iniciar con una presentación sobre conceptos técnicos, fórmulas o definiciones, la sesión comenzó invitando a cada participante a reconstruir mediante piezas LEGO el lugar donde vivió el sismo de 2017 o, en algunos casos, el de 1985.
Las construcciones representaron viviendas, edificios, escuelas, calles y espacios cotidianos que permanecen en la memoria colectiva. Cada modelo permitió compartir experiencias, emociones y recuerdos que, poco a poco, dieron paso a conversaciones sobre el riesgo sísmico. La memoria se convirtió así en una herramienta para aprender.
En lugar de partir de la teoría para llegar a la experiencia, el proceso ocurrió en sentido contrario: las experiencias personales permitieron introducir conceptos de ingeniería sísmica y gestión del riesgo de una manera cercana, significativa y participativa.
El uso de LEGO respondió a principios del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), favoreciendo el aprendizaje mediante apoyos visuales, la representación espacial, la manipulación de objetos y la construcción colaborativa del conocimiento. Estas estrategias facilitan la comprensión de conceptos complejos, promueven la comunicación y reconocen que no existe una única forma válida de aprender.
Más importante aún, la actividad permitió que cada participante se reconociera como protagonista del proceso de aprendizaje. Las experiencias compartidas demostraron que todas las personas poseen conocimientos valiosos sobre el territorio que habitan y que dichos saberes constituyen un punto de partida fundamental para comprender el riesgo sísmico y fortalecer la resiliencia.

Comprender el riesgo sísmico desde la experiencia
Las construcciones elaboradas durante “Construir mi entorno” se transformaron en un mapa colectivo de experiencias. Cada vivienda, edificio, calle o espacio representado permitió iniciar una conversación distinta sobre la forma en que vivimos los sismos y cómo las características de nuestro entorno influyen en el riesgo.

A partir de estas representaciones, el conocimiento técnico dejó de presentarse como información aislada para convertirse en una herramienta que ayudó a interpretar las experiencias de cada participante.
Recordar para aprender
Uno de los primeros ejercicios consistió en recordar dónde se encontraba cada persona durante el sismo del 19 de septiembre de 2017 o, en algunos casos, durante el sismo de 1985. Más allá de ubicar un lugar en el espacio, este ejercicio permitió reconstruir emociones, decisiones y acciones tomadas en esos momentos.

La memoria colectiva se convirtió en un recurso pedagógico para reflexionar sobre cómo percibimos el riesgo y cómo nuestras experiencias influyen en la manera en que nos preparamos para futuros eventos.
Este diálogo permitió reconocer que cada persona vive los sismos de forma distinta y que todas esas experiencias aportan elementos valiosos para comprender la importancia de la prevención.
¿Para qué sirve la alerta sísmica?
Uno de los temas que despertó mayor interés fue el funcionamiento de la alerta sísmica.
A partir de preguntas formuladas por las personas participantes, se explicó que la alerta no predice los sismos ni evita que ocurran. Su función consiste en detectar un sismo de gran magnitud mientras las ondas sísmicas aún se propagan desde el epicentro y emitir un aviso anticipado para que, dependiendo de la distancia al origen del evento, exista un margen de tiempo para realizar acciones de protección.
También se explicó por qué algunas veces la alerta no se activa, particularmente en el caso de los microsismos registrados recientemente en la Ciudad de México. Debido a que estos eventos ocurren muy cerca de las zonas donde son percibidos, el tiempo disponible entre su detección y la llegada de las ondas sísmicas es prácticamente inexistente, por lo que un sistema de alerta temprana no resulta efectivo en esas condiciones.

Comprender estas diferencias permitió desmontar una de las ideas más frecuentes: creer que la alerta sísmica debe sonar antes de cualquier movimiento.
¿Por qué tiembla diferente en distintos lugares?
Las experiencias compartidas también dieron paso a una conversación sobre la geología de la Ciudad de México.
Utilizando las construcciones realizadas con LEGO, se explicó que un mismo sismo puede sentirse con diferente intensidad dependiendo del tipo de suelo donde se encuentre una edificación. Se abordó la zonificación geotécnica de la ciudad, distinguiendo de manera general las zonas de lago, transición y lomas, y se reflexionó sobre cómo estas características influyen en la amplificación de las ondas sísmicas.

Este ejercicio permitió relacionar las experiencias personales con conceptos fundamentales de ingeniería sísmica y comprender que el comportamiento de un edificio no depende únicamente de su diseño estructural, sino también de las condiciones del terreno sobre el que se encuentra construido.
Conocer el territorio para reducir el riesgo
Otro de los temas abordados fue el uso del Atlas de Riesgos como una herramienta para comprender el territorio.
Se explicó que conocer las características del lugar donde vivimos permite identificar amenazas, reconocer condiciones de vulnerabilidad y tomar mejores decisiones para reducir el riesgo.
Más que un documento técnico, el Atlas de Riesgos fue mencionado como un instrumento que ayuda a comprender el entorno y fortalece la capacidad de las comunidades para anticiparse a distintos escenarios.
El riesgo también está dentro de casa
Una parte importante del taller se centró en identificar los riesgos presentes al interior de las viviendas.
El debate facilitó la mención de muebles altos, televisores, repisas, objetos pesados y otros elementos que, aunque forman parte de la vida cotidiana, pueden convertirse en un peligro durante un sismo si no se encuentran correctamente asegurados.
Esta conversación permitió introducir el concepto de contenidos no estructurales, explicando que, aunque un edificio no presente daños estructurales, la caída de objetos puede provocar lesiones, bloquear rutas de salida o dificultar la evacuación.
Repliegue y zonas de menor riesgo
Otra de las reflexiones más importantes giró en torno a las acciones que pueden realizarse durante un sismo.
Se explicó que la decisión de evacuar o permanecer dentro de una edificación depende de múltiples factores y que, en muchos casos, la acción más segura consiste en aplicar la técnica de repliegue, ubicándose temporalmente en zonas de menor riesgo mientras concluye el movimiento.

La prevención también se construye con otras personas
La gestión del riesgo sísmico no depende únicamente del conocimiento individual.
Por ello, uno de los temas del taller fue la importancia de construir redes de apoyo entre familiares, amistades, vecinos y comunidades.
Las personas participantes reflexionaron sobre quiénes podrían brindar apoyo durante una emergencia, a quién acudirían en caso de necesitar ayuda y de qué manera cada integrante de una comunidad puede contribuir a una respuesta organizada.
En este contexto también se dialogó sobre los diferentes roles que pueden asumirse antes, durante y después de un sismo, enfatizando que la resiliencia comunitaria se fortalece cuando las personas conocen sus capacidades y colaboran entre sí.
Mitos, realidades y organización comunitaria
Como parte de la sesión se analizaron diversas ideas erróneas que suelen difundirse sobre los sismos.
A través del diálogo se aclararon dudas relacionadas con el comportamiento de los edificios, la frecuencia de los sismos, el funcionamiento de la alerta sísmica y otras creencias que con frecuencia generan confusión o desinformación.
Finalmente, se conversó sobre el trabajo realizado por los Topos, reconociendo que su labor representa un ejemplo de solidaridad, organización comunitaria y participación ciudadana. Más allá del rescate especializado, su historia permitió reflexionar sobre el papel que la sociedad puede desempeñar en la construcción de comunidades más preparadas y resilientes.
Durante toda la sesión, la ingeniería sísmica dejó de percibirse como un conjunto de conceptos técnicos reservados para especialistas. A través del diálogo, la experiencia y la construcción colaborativa, las personas participantes pudieron comprender que el conocimiento científico cobra sentido cuando se relaciona con la vida cotidiana y contribuye a tomar decisiones que reducen el riesgo y fortalecen la seguridad de las comunidades.
Ingeniería, inclusión e innovación social para construir resiliencia
La primera sesión del Laboratorio de prevención sísmica accesible demostró que acercar la ingeniería a la sociedad requiere mucho más que traducir conceptos técnicos a un lenguaje sencillo. Implica generar experiencias de aprendizaje donde las personas puedan participar, cuestionar, experimentar y relacionar el conocimiento con su propia realidad.
Desde la innovación social, la prevención deja de entenderse como la transmisión de recomendaciones para convertirse en un proceso de construcción colectiva del conocimiento. Este enfoque reconoce que la resiliencia no depende únicamente de la calidad de las edificaciones o de los avances tecnológicos, sino también de la capacidad de las comunidades para comprender el riesgo, organizarse y tomar decisiones informadas.

La ingeniería sísmica y la ingeniería estructural aportan herramientas fundamentales para explicar cómo se comportan las edificaciones frente a un sismo, por qué algunas estructuras responden de manera diferente según el tipo de suelo y qué estrategias permiten reducir el riesgo. Sin embargo, estos conocimientos adquieren un mayor impacto cuando se ponen al servicio de las personas y se comunican mediante metodologías que favorecen la participación y el aprendizaje significativo.
En este sentido, el Laboratorio de prevención sísmica accesible representa un ejercicio de apropiación social del conocimiento. La utilización de piezas LEGO no constituyó únicamente una actividad lúdica, sino una metodología que permitió visualizar el territorio, reconstruir experiencias, representar elementos arquitectónicos y comprender conceptos complejos a partir de modelos físicos. Al construir viviendas, calles y edificios, las personas participantes también reconstruyeron recuerdos, identificaron riesgos y propusieron acciones para reducirlos.
Comprender cómo se vivió un sismo, qué decisiones se tomaron o qué dificultades se enfrentaron permite generar aprendizajes tan valiosos como los modelos desarrollados desde la ingeniería.
En México, donde la exposición a los sismos forma parte de la vida cotidiana, la cultura de la prevención requiere estrategias que trasciendan la difusión de información. Es necesario generar espacios donde las personas puedan comprender por qué ocurren los sismos, cómo interactúan las edificaciones con el movimiento del suelo, cuáles son los riesgos presentes en su entorno y qué acciones pueden emprender para reducirlos. Cuando este conocimiento se construye de manera participativa, las personas dejan de ser receptoras de recomendaciones y se convierten en agentes activos de la resiliencia.

Para DAMPO Innovación Social, este proyecto representa una forma de vincular la ingeniería con las personas. La innovación no reside únicamente en el desarrollo de nuevas tecnologías, sino también en la creación de metodologías que permitan democratizar el conocimiento y hacerlo accesible para comunidades diversas. La ingeniería cumple plenamente su función social cuando contribuye a que más personas comprendan el comportamiento de su entorno construido y desarrollen capacidades para proteger su vida y la de quienes las rodean.
Construir mi entorno fue el primer paso de un proceso que continuará durante las siguientes sesiones del laboratorio. En ellas se seguirán fortaleciendo conocimientos, habilidades y redes de colaboración, demostrando que la gestión del riesgo sísmico también puede enseñarse desde la creatividad, el diálogo y la participación.
Construir resiliencia significa mucho más que edificar estructuras capaces de resistir un sismo. Significa fortalecer capacidades, eliminar barreras para el acceso al conocimiento y generar espacios donde todas las personas puedan participar en igualdad de condiciones. Porque una comunidad preparada no es aquella donde solo algunas personas saben qué hacer frente a una emergencia, sino aquella en la que el conocimiento se comparte, se construye colectivamente y se convierte en una herramienta para cuidar la vida.

Agradecemos profundamente al Centro Integral Vida Plena Olinka por abrir sus puertas y confiar en este proyecto, así como a toda su comunidad por la disposición, el entusiasmo y la participación con la que hicieron posible esta primera sesión.
Cada historia compartida, cada construcción realizada y cada reflexión enriquecieron este espacio de aprendizaje colectivo, recordándonos que la prevención y la gestión del riesgo sísmico se fortalecen cuando el conocimiento se construye desde la colaboración, el respeto y el reconocimiento de la diversidad.
También especialmente a las personas participantes, familias, equipo docente y personal de Olinka por demostrar que la inclusión no es únicamente un principio, sino una práctica cotidiana que transforma la manera en que aprendemos, convivimos y construimos comunidades más seguras.
Este fue solo el primer paso del Laboratorio de prevención sísmica accesible. Esperamos con entusiasmo las próximas sesiones para continuar aprendiendo juntos, fortaleciendo capacidades y reafirmando que una cultura de prevención verdaderamente resiliente es aquella en la que todas las personas tienen un lugar, una voz y la oportunidad de participar.
Referencias
United Nations Office for Disaster Risk Reduction. Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030.
American Association on Intellectual and Developmental Disabilities. Intellectual Disability: Definition, Diagnosis, Classification, and Systems of Supports (12.ª ed., 2021).
UNESCO. Global Education Monitoring Report 2020: Inclusion and Education – All Means All.
World Health Organization & The World Bank. World Report on Disability (2011).




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